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Sweet Toof en Buenos Aires

El artista británico, Sweet Toof, está cubriendo, hace ya varias semanas, la ciudad de Buenos Aires con sus calaveras y dentaduras. Fue invitado por la organización Res Non Verba y desde entonces, ha estado taggeando y pegando desde Quilmes hasta Saavedra. Sorcha O´Higgins habló con él acerca de su estilo característico, su carrera como artista urbano y como se siente al pintar en Buenos Aires.

Me acuerdo de ver el grafiti punk y mod en Inglaterra cuando era muy joven y preguntarle a mi mamá, ¿Qué es eso?, ella me dijo “Chicos traviesos que escriben en la calle”. En ese momento, me acuerdo que me entusiasmé, yo también quería hacerlo. Después, llegó el hip hop y empecé a hacer breakdance y todo eso en los 80. Además, películas como “Wild Stars” y “Style Wars” eran de culto en lo que a hip hop y grafiti se refiere.

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Empecé a taggear con un resaltador o lapicera y escribía nombres como “Hovis” u otras palabras. Cuando tenía 13, con algunos amigos, solíamos robar la pintura hasta que agarraron a algunos de ellos y yo me asusté. Entonces, decidí ahorrar el dinero que tenía para la cena y con eso comprar latas de pintura y guardarlas en casa. Cuando mis padres se iban a dormir yo me escapaba por la ventana de mi cuarto, atravesaba un techo y luego bajaba por un tubo de desagüe. Tomaba prestada la bicicleta de mi vecino e iba a pintar las cajas eléctricas con personajes de los pitufos. Al día siguiente, mientras iba al colegio, los veía desde el colectivo.

A los 18 años dejé de hacerlo por un tiempo pero aun así el grafiti estaba presente. Fui a una escuela de arte en Bangor. Tenía dos valijas con dibujos en lugar de un porfolio, me mandaron a la escuela de Bellas Artes. Después, hice otra carrera en Coventry por tres años donde aprendí a trabajar con técnicas más primitivas como grabado por ejemplo, también aprendí la técnica de aguafuerte, etc. En aquel entonces, en la década del 90, la actitud prevaleciente era que la pintura había muerto, con lo cual todo sucedía en torno a las instalaciones o videoinstalaciones artísticas, yo, por mi parte, me rebele ante eso y elegí hacer pinturas al óleo, naturaleza muerta y calaveras. Solía ir al mercado y comprar pájaros muertos, conejos también y luego los colgaba en mi taller y los pintaba, estudiaba la naturaleza en mi casa de forma casi obsesiva. Todavía salía pintar y hacía obras que tenían como base letras, distintos personajes y ese tipo de cosas. Así que, en realidad, trabajaba haciendo ambas cosas; por un lado tenía la disciplina de la pintura pero la adrenalina y diversión de pintar en las calles. Luego, fui a la Real Academia de Arte en Londres, estudié pintura y también dibujo. Enseñe por un tiempo, pero no me gustó mucho.

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La dentadura comenzó a aparecer en mis obras cuando llegué a Londres. Antes escribía “Spy” y en la S agregaba algunos dientes, pero al mismo tiempo también hacía auto retratos con una lupa entonces mis dientes parecían enormes. Hacía pinturas al óleo con unas bocas enormes, dientes por todos lados. Me acordé de las golosinas que comes cuando sos chico, los dientes gomosos y los huevos fritos. Miraba los grafitis y solo veía nombres, personajes, nombres, personajes y tenía ganas de crear algo rápido, crear “throw ups”. Los dientes son fáciles de hacer, tan solo unas líneas y después rosa/negro/blanco, solo tres colores y se prestaba para hacerlo al óleo también y esto llevo a que un estilo empezara a romper los límites del otro. El arte urbano se transformaría en uno de los temas para la pintura tradicional, reclinarse sobre una pared, ver el cielo de noche, todas esas cosas te influyen. Uno recuerda la luz y demás…

Amo pintar al óleo tanto como amo pintar en la calle. Todavía hago muchas calaveras pero también veo dientes por todas partes desde que empecé a hacerlos en el 2005. Es por esto que decidí no hacerlos por un tiempo. Siento que uno hace las cosas hasta que se aburre, como si tuvieras una esponja y paras cuando ya se escurrió todo.

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Londres esta aburguesado muchas paredes, muchos tours de arte urbano y en su mayoría no son buenos. Las paredes están controladas por aquellas personas que lo hacen solo por lo que puedan sacar de esto, se suman a la movida solo por eso. Hay tantas reglas en los grafitis ahora, por ejemplo “tenes que hacer una obra, sombras, nubes, contorno, sin goteos, etc, etc.” el lenguaje está limitado. A mí no me gusta estar tan definido, así la gente no puede decir realmente lo que sos. Todavía disfruto de hacer “throw ups”, trabajar con rodillo o hacer bombas pero no me gusta que la gente me etiquete y diga “Si, es un artista urbano” o “Es un grafitero” No sé lo que soy, solo sé que me gusta pintar y como todas las personas que tienen energía y que disfrutan de hacer cosas… ¿eso te motiva, no?

Últimamente, no me gusta decirle a mucha gente donde voy, decir que voy a pescar y en realidad ir a viajar y pintar. La conocí a Belén de Res Non Verba, en un show que hice en Nueva York y ella me invitó a Buenos Aires. Realmente, no pensé que vendría pero de repente estoy acá. Me encanta pintar acá. Tenes cielos azules, el clima es increíble, podes pintar de noche, podes escuchar el ruido de los insectos, se siente realmente calmo, relajado. Claro que seguro debe tener sus cosas pero me gustaría quedarme. Estoy pensando en volver el próximo verano. Pinté algunas paredes durante el día e hice muchas cosas de noche también. Una vez vino la policía me asusté y empecé a correr, pensé que venían a buscarnos pero solo estaban pasando por ahí. En Londres hay cámaras por todos lados y así es como te agarran. Logramos poner alrededor de 100 posters de noche, eso fue divertido. Además, acá también podes conseguir muy buen papel. Pinté con Sonni, él es muy relajado y es agradable trabajar con él. También pinté con Malegria y El Marian en La Boca. Salí un par de veces con Perla, Raws y Borneo. Algunas paredes con permiso… y otras sin.

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Mas de Sweet Toof en su sitio: sweettoof.com

Entrevista por Sorcha O’Higgins. Fotos por gentileza de Res Non Verba.