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Doble Discurso

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En el día 26 de mayo trascendió a través de una conferencia de prensa la decisión del Gobierno Nacional iniciar acciones legales a los padres de dos menores de edad que fueron sorprendidos graffiteando los vagones del flamante tren que costaron 1.27 millones de dólares.

Lo sucedido en los trenes de la línea Sarmiento, que funciona en Buenos Aires, se viralizó inmediatamente y dio qué hablar desde distintos sectores de la comunidad, con opiniones a favor y en contra acerca de los graffiteros.

La denuncia del Estado por daños y perjuicios a los padres de los menores se basa en el Artículo 1114 del Código Civil, el cual expresa que: “el padre y la madre son solidariamente responsables de los daños causados por sus hijos menores que habiten con ellos, sin perjuicio de la responsabilidad de los hijos si fueran mayores de diez años. En caso de que los padres no convivan, será responsable el que ejerza la tenencia del menor, salvo que al producirse el evento dañoso el hijo estuviere al cuidado del otro progenitor.”

Sin embargo, este hecho fue un disparador para comenzar a plantearnos las bases de un debate imprescindible para la construcción y modificación de nuestros códigos de convivencia y respeto.

En primer lugar, las declaraciones del ministro del Interior y Transporte Florencio Randazzo fueron sorprendentes debido a su tenor. En una entrevista radial que azuzó las redes sociales, Randazzo opinó: “Hay que matarlos, te dan ganas de matarlos, cómo pueden ser tan energúmenos. Si el pibe mío pinta un tren ¿sabes cómo le dejo el culo? Por pelotudo” ya que el Estado “hizo un esfuerzo muy grande” para conseguir los millonarios vagones.

Para un gobierno que aspira a la construcción de su modelo de país de acuerdo a la tolerancia, alegando que su oposición política está basada en el odio, las declaraciones del ministro han sido desafortunadas. Y aunque el ministro de Seguridad, Sergio Berni, intentó poner paños fríos a la situación excusando al ministro de Transporte al explicar que había sido ” un rapto de bronca e impotencia por lo sucedido” y que “no es lo que él piensa y no es lo que pensamos todos en el gobierno” no hubo ningún tipo de retractación del ministro Randazzo. Y para no perder el viaje, el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri aprovechó para comunicar que los graffiteros que sean descubiertos pintando los subterráneos, tendrán que limpiarlos.

Todo esto llama mucho la atención porque es en los años 50’s cuando comienzan las primeras intervenciones políticas en el espacio público, tan ilegales como las pintadas de la controversia, pero subvencionadas por los mismos sectores políticos. Esta práctica propagandística, llegada mucho antes del graffiti que explotó con la llegada de la cultura hip hop, continúa hasta el día de hoy. Basta con tomar un tren para ver cómo los pintores de diversos partidos políticos (sin excepción) nos bombardean los nombres de los candidatos por doquier.

Lo curioso es que si consideramos que cada vez que estamos frente a un graffiti de los que relacionamos con “la vieja escuela” que desembarcó en nuestras tierras con furor con la llegada de la democracia, estamos frente a un nombre. Es el nombre del artista que lo realizó. De considerar así al graffiti, podríamos decir que los primeros graffieteros fueron los políticos. Y son también los más prolíficos.

(Ana Laura Montenegro)